Durante el paso de los tiempos, las motos han pasado de ser máquinas simples con un solo cilindro a convertirse en ultra sofisticados ingenios capaces de superar los 300Km/h.

La emoción simple y visceral que despierta una motocicleta veloz nace de la combinación de varias sensaciones: la satisfacción de tener el control, la libertad, la proximidad a los elementos, un punto de peligro y, cómo olvidarlo, la capacidad de aceleración de una máquina, cuya proporción peso/potencia es la envidia de todos los usuarios de la vía.

 

Década de 1900 y 1910.

Poco tardaron los diseñadores de motocicletas en introducir innovaciones en las sencillas máquinas mono cilíndricas del siglo XIX. Numerosas firmas empezaron a construir motos de dos y hasta cuatro cilindros antes de la Primera Guerra Mundial a medida que un número cada vez mayor de gente descubría la emoción y la comodidad de las motos.

En 1902 el francés Georges Gauthier inventó la scooter. Es una moto que posee de un salpicadero de protección. Tuvo una gran popularidad, sobre todo entre los jóvenes. Está compuesta por dos ruedas de poco diámetro y un cuadro abierto que permite al conductor estar sentado en vez de estar parado a medio agachar. También contiene una carrocería que protege todos los mecanismos, y ofrece algún pequeño espacio de almacenaje de objetos pequeños y de una rueda de recambio. Son vehículos urbanos, aunque también se pueden hacer viajes largos. Lo que destaca en este tipo de motos es la comodidad del manejo y facilidad de conducción, y no el desarrollo de grandes velocidades. Las máquinas de cuatro cilindros construidas por la empresa belga FN no eran las más rápidas de los primeros años del motociclismo, pero sí se contaban entre las más fiables y sofisticadas. Creada en 1904, la FN Four causó sensación gracias a su avanzado diseño, que incluía transmisión secundaria por cardán y un chasis simple pero ligero y eficiente. La Four fue un éxito comercial: se mantuvo en producción durante más de dos décadas, durante las cuales experimentó sucesivos aumentos de cilindrada.

En 1910 apareció el sidecar, un carro con una rueda lateral que se une a un lado de la motocicleta. Consta de un bastidor (de una sola rueda) y de una carrocería que protege al pasajero. La motocicleta que lo arrastra, se convierte en un vehículo de tres ruedas y su conducción se controla mediante el giro del manillar, al no poder ejecutarse la basculación. Ya había aparecido años antes, pero en bicicletas y en la actualidad con la proliferación de los vehículos llamados «utilitarios» han desaparecido prácticamente de la circulación.

Década de 1920 y 1930.

Durante las décadas de 1920 y 1930, las mono cilíndricas, cada vez más sofisticadas y veloces, consiguieron conservar su popularidad al tiempo que hacían su aparición monturas de doble cilindro como la Speed Twin de Triumph y la Brough Superior, que daban una nueva dimensión de motociclismo de grandes cilindradas.El auge de los dos cilindros.

Triumph presentó su Speet Twin de 500cms3 justo antes de la Segunda Guerra Mundial, pero su influencia se extendió mucho más allá. Los fabricantes británicos dominaron las décadas de 1940 y 1950, especialmente con variaciones sobre el diseño de dos cilindros paralelos adoptado con mayor o menor éxito por las principales firmas.

Las mono cilíndricas mantuvieron su popularidad y modelos deportivos como la Gold Star de BSA y la Gilera Saturno aportaron estilo y rendimiento para compensar el aburrido formato práctico de la mayoría de los modelos restantes. Mientras tanto, marcas como Vincent, Harley-Davidson e Indian optaban por exaltar las virtudes de las dos cilindros en V de gran cilindrada.

En muchos aspectos, la década de 1960 constituyó el cenit de la industria británica de la motocicleta. Veloces máquinas de dos cilindros como la Triumph Bonneville y la Norton Commando cruzaban espadas con rivales tan variadas como la mono cilíndrica Venom Thurston de Velocette o la Triumph Trident 750 de tres cilindros. Sin embargo, las motos británicas no podían ocultar los problemas, sobre todo financieros, que se avecinaban para sus fabricantes.

Mientras tanto, la aparición más destacada de la década fue la de las japonesas: modelos como la Honda CB450 y la Suzuki T500 combinaban un diseño sofisticado con un rendimiento en muchos casos extraordinario y, además, dieron un primer aviso de las extraordinarias motos que las seguirían.

Década de los setentas.

Desde el punto de vista de las dos ruedas, la década de 1970 empezó, en, realidad en 1969, cuando Honda lanzó la CB750.

«La primera superbike» no solo maravilló por su motor de cuatro cilindros en línea, que pronto seria adoptado por las demás marcas japonesas, sino que también hizo gala de un nivel de sofisticación muy superior al de los fabricantes británicos, lo que confirmaba que había comenzado una nueva era.

Para el final de la década, las firmas japonesas habían aportado una extraordinaria variedad de superbikes con dos, tres y seis cilindros; algunas de las cuales con una potencia superior a los cien CV. A ese floreciente mercado se unieron los fabricantes europeos, con un sinfín de modelos exóticos.

La alternativa de tres cilindros de Suzuki.

En la década de 1970, Suzuki tenía su propia rival de peso medio en la figura de la GT 550 de tres cilindros, que, presentada en 1972, se parecía en diseño y líneas al modelo GF 380. Su motor de 543cm3 refrigerado por aire generaba 53 CV que proporcionaban una excelente aceleración y una velocidad máxima cercana a 177 Km/h.

La GT tenía un manejo razonablemente bueno y resultaba una moto muy polivalente. Al igual que el resto de máquinas de dos tiempos de Suzuki, fue víctima de las estrictas leyes sobre emisiones de gases de finales de los setenta.

La década de 1980.

EL REFINAMIENTO DE LAS SUPERBIKES.

A diferencia de la década anterior, en la que se manifestó una tendencia hacia una mayor potencia y un mayor tamaño, la década de 1980 vio evolucionar a las superbikes de distintas formas. Las primeras estrellas de esa era fueron una variación de lo visto antes: bestias grandes y pesadas, con motor de varios cilindros refrigerado por aire, bastidor de acero tubular y doble amortiguador trasero.

Sin embargo, las motos siguientes se refinaron y lograron un mayor rendimiento y potencia adicional. La nueva raza de superbike contaba con motor de refrigeración por agua, bastidor de aluminio, suspensión trasera por mono amortiguador y carenado aerodinámico.

Hacia el final de la década, la superbike definitiva era una máquina más pequeña, ligera y sofisticada.

La década de 1990.

DESAFIANDO LOS LÍMITES.

En los noventa, las superbikes mejoraron y se hicieron más rápidas, alcanzando velocidades de más de 241Km/h. El manejo de las máquinas estándar, las producidas en serie, era igual al de las motos de competición de unos años antes. Los avances tecnológicos estaban allí para todos aquéllos que podían permitírselos, como los pistones ovalados de Honda o las suspensiones delanteras sin horquilla de

Yamaha y Bimota.

Sin embargo, la mayoría de las motoristas prefería máquinas más convencionales. Muchas de las mejores superbikes eran versiones mejoradas de formatos establecidos, como las bien diseñadas dos cilindros en V de Ducati o las rápidas y ligeras cuatro cilindros japonesas. Si lo que se quería era velocidad pura, no había nada comparable a la aerodinámica Hayabusa de Suzuki.

El siglo XXI.

MÁS LIGERAS Y POTENTES.

Durante los primeros años del nuevo milenio las motos mostraron una tendencia hacia la especialización. Las supersports se volvieron mucho más potentes, ligeras y rápidas. Dicho desarrollo estuvo motivado en parte por el uso de motos en circuitos de carreras; una práctica cuya popularidad había crecido rápidamente debido a la dificultad que suponía desatar un sentimiento tan temible en carreras públicas.

Otra máquina que decía mucho en favor de las superbikes era la Kawasaki ZX-12 R, cuya velocidad se limitó a 300Km/h. Este límite fue acordado por los principales fabricantes para evitar que les obligaran a dotar a sus máquinas de velocidades más bajas.imagen.jpg